El objetivo del presente artículo es dar a conocer
que la conducta de los hombres (quienes están al mando de compañías) puede
pasar de moral o ética a nada ética, si existe suficiente aliciente de que, al
contar con información asimétrica, un individuo puede obtener ventaja frente al
resto y gracias a ello percibir mayores beneficios. Asimismo, haré notar que la
percepción de un beneficio (cualquiera que fuese este) mientras esté más “alejado”
de volverse un beneficio económico, los individuos están más propensos a
comportarse de manera poco ética o de cometer un fraude.
Quiero empezar con una afirmación de Gitman (2007), la meta de las normas éticas es motivar
a los participantes empresariales y de mercado a apegarse tanto a la letra como
al espíritu de las leyes y regulaciones relacionadas con la practica
profesional y empresarial.
La anterior apreciación, si bien tiene un ojetivo claro, no
es cercana a la realidad; puesto que en la última década, empresas de la talla
de Enron Corp., empresa de auditoría Arthur Andersen, Worldcom, etc. han
captado mucha atención de los medios de comunicación por sus prácticas poco
éticas y escándalos financieros.
Como nos comenta Adam (2002) en el
Caso de Enron-Andersen lo siguiente:
Al crear Enron las
EPPEs (Entidades para propósitos especiales), cuyos propósitos fueron ,
principalmente, obtener financiamientos y/o cubrir riesgos; sin embargo, tales
financiamientos y riesgos se excluyeron de los estados financieros consolidados
de Enron.
Esto permitió la distorsión de los reportes financieros (que escondían inmensas pérdidas para mostrar solo utilidades crecientemente sostenibles) que Enron presentaba los accionistas, bancos, empresas auditoras, etc. y que a medida de que más puede esconder y manipular la información, más impulsados se ven los individuos a obtener ventaja gracias a la información privilegiada con que cuenten. Este fue el caso de muchos funcionarios y ejecutivos que ocupaban altos cargos en dicha compañía quienes vendían sus acciones (como consecuencia de la información privilegiada con que contaban) y, al mismo tiempo, fomentaban que sus subordinados u otros individuos sigan invirtiendo en Enron.
Razón del porqué las personas
comenten fraudes
En toda sociedad, en todo ámbito las
personas están dispuestos a cometer fraudes, así sea en pequeñas magnitudes,
esto debido al análisis costo-beneficio el cual es manifestado por Ordóñez (2004) cuando señala lo siguiente:
El fraude no es
estrictamente individual ni estrictamente institucional sino que implica los
dos niveles, ha sido la visión econométrica que aborda el problema desde su
análisis de costos y beneficios que trae para la persona que comete fraude.
Este tipo de estudios se basa en una concepción del comportamiento humano según
la cual actuamos para maximizar las ganancias y evitar las pérdidas.
El enfoque
anterior, es una explicación a los motivos por los que las personas se ven
incitados a cometer fraudes, es básicamente por que todos nosotros queremos
maximizar los beneficios, por naturaleza, y evitar las pérdidas. En el mercado
de valores, este es el objetivo de todos los operadores, es por ello que ni
bien encuentran una forma (legítima o no, legal o no), simplemente, la adoptan;
aunque en la actualidad (basados en las experiencias anteriores) hay amplia
regulación que restringe actividades irregulares.
Elementos Sociales en casos de
Fraude Financiero
En
el caso de Enron hay un elemento social que fomenta el engaño financiero (y
fraude): la gente observaba el comportamiento de su entorno. Siendo más
específico, los operadores de Enron en los mercados de valores notaban las
irregularidades del manejo de las acciones de la empresa en un mercado libre,
pero funcionaba y les daba ingentes márgenes de utilidad; ellos observaban a
sus pares el cómo es que estos obtenían ventajas de las especulaciones generadas
y de las certeras predicciones del mercado energético en Californiano (EE.UU.)
Las personas observan otros
comportamientos, son influenciados en mayor magnitud por la gente de su entorno
y al percibir que otros pueden manejar información privilegiada, cometer un
delito y salirse con la suya, entonces las personas en su entorno tienden a hacer
lo mismo en busca de un beneficio y, desde su óptica, dejan de verlo como algo
grave.
En
el siguiente ejemplo notaremos más claro lo anteriormente afirmado: imaginemos
que en un salón de clases a los estudiantes se les da un examen de matemáticas
con diez preguntas, el cual se puede resolver en un tiempo no menor a quince
minutos y al final del examen el alumno (que termine todo) se puede retirar y
cobrar un dólar por pregunta bien contestada, sin que sea necesaria la entrega
ni revisión del examen, sino solo la confianza en la honestidad del alumno.
Ahora imaginemos que, al minuto de comenzado el examen, un alumno se levanta,
dice que ya cumplió con todas las preguntas bien resueltas y le pregunta al
tutor si se puede ir a casa y cobrar los diez dólares (por haber respondido
todo el examen correctamente) y en efecto el tutor le brinda los diez dólares y
le permite que se vaya a su casa. ¿Qué pasará con el resto de alumnos? En
definitiva ellos al observar un claro engaño (pero dentro de lo establecido por
el tutor), al notar que dicho alumno se sale con la suya y cobra lo mayor
posible; empezarán a imitarlo o a hacer más trampa de lo que harían de no haber
visto el comportamiento del alumno en cuestión, puesto que sentirán que es más
apropiado (como grupo) comportarse de esa manera.
La
anterior conclusión es reforzada con los hallazgos de McCabe, Trevino y Butterfield (2001), quienes manifiestan que existe una
fuerte relación entre la percepción que los estudiantes tienen de los
comportamientos de los pares y la probabilidad de cometer fraude.
Por otro lado, La sensación de poderse
salir con la suya haciendo trampa, no se trataba de la probabilidad de ser
atrapado en la siguiente, sino de las normas y regulaciones (vacíos legales)
para hacer trampa, como en el caso de Enron los funcionarios de alto rango de
dicha compañía aprovechaban todo vacío legal (en ese nuevo modelo de negocio)
en beneficio de la compañía o para sacarle el mayor provecho. Ahora si pensamos
acerca del mercado de valores, en donde observamos que pagan mucho dinero a la
gente para que muestre una realidad de manera ligeramente distorsionada, los
que se aprovechan de los vacíos legales podrían no verlo de esa manera y sentir
que lo que hacen no es grave sino el comportamiento común. Es esa la razón de
por qué tantos participantes de la talla de Merrill Lich, CitiBanck,
ArthurAndersen, etc. colaboraron de alguna forma con el operar de Enron.
Cuando la distancia al efectivo (dinero) es
más larga la gente hace más trampa.
En el mercado de valores, las cosas están
ligeramente “alejadas” del dinero tal cual, con ello me refiero a que es común
utilizar derivados financiero, que aparentemente están más alejados del dinero
como tal: mientras más pasos alejados del dinero, por periodos poco más
prolongados, genera que las personas hagan aún más trampa. Por ejemplo, en la
oficina de trabajo a las personas no les genera una sensación de culpa grande
el que se lleven un lápiz o útiles de oficina, comparado a la sensación de
culpa de llevarse unas monedas de la caja chica; pese a que el lápiz o los
útiles de oficina en general pudieren tener mayor valor si lo convertimos a
efectivo.
Por
tanto, concluyo que todas estas fuerzas, mencionadas en el artículo como la del
análisis costo-beneficio, elementos de conducta social o la de disociación de
los objetos con el dinero, trabajando en conjunto, pueden generar una cadena de
trampas, de ocultamiento y de distorsión de información, lo cual genera que las
personas empiecen a romper las barreras de hacer las cosas de modo ético hasta
pasar la tenue línea divisoria que diferencia sus actividades profesionales de
un fraude financiero. Es por ello la importancia de la regulación o de la
existencia de códigos éticos con base legal que limiten las prácticas contables
y financieras irregulares, para evitar que se repitan casos como los
mencionados a lo largo de este artículo.


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